jueves, 14 de noviembre de 2013

El León y la Jirafa



Por Sofía Margarita Cruz Castro

Hace algún tiempo existía un zoológico en algún lugar del mundo, en donde vivía un león, quién era la atracción principal del lugar por ser el rey de la selva, el animal más feroz, el que poseía la más grande y hermosa melena y quien más impresionaba a la gente que ahí asistía.  Como era de esperarse, era muy engreído y soberbio, éste se sentía superior a los demás animales. El personal del zoológico lo consentía y trataba como rey, tenía su comida cada que le apetecía y a los demás animales los miraba como inferiores. Cada mañana se paseaba por el recinto de cada animal, presumiendo su presencia y haciéndolos menos, a cada uno de ellos les recordaba sus defectos y carencias y se burlaba de ellos. A los changos les decía feos, a los elefantes gordos, a los tigres dientones y flojos, a los camellos torpes y así con quien se le diera la gana.
Un día se acercó al reciento de la jirafa, mofándose de su enorme cuello. Para molestarlo le dijo:

  ¡Jirafa! ¿Por qué nunca te acuestas para dormir por las noches? Ah, es cierto… ¡no puedes por tu enorme cuello! Ja ja, solamente puedes comer plantas de árboles altos, te pierdes de lo deliciosa que es la carne, pobre de ti.

La jirafa se quedó callada, ya sabía cómo era el león y trató de no darle importancia.
Todos los animales del zoológico estaban cansados de la actitud del león, así que se les ocurrió una idea para enseñarle una lección. Ya casi era la hora de almorzar y ya iban a servirle su ración de carne, así que los changos la tomaron antes de que éste se diera cuenta y trepando la pusieron en lo más alto de su jaula, donde no pudiera alcanzarla.
El león ya estaba muy hambriento, se preguntaba por qué no había llegado su comida aún, hasta que se dio cuenta de que su carne estaba arriba. Pronto intento bajarla, brincaba y brincaba y trataba de trepar pero no pudo alcanzarla. Se acercó al recinto de los changos para pedirles que treparan pero estos se negaron, diciendo:

 No ayudaremos a alguien que se la pasa molestándonos y burlándose de nosotros

Desilusionado, se acercó al recinto de los elefantes para pedirles que con su trompa lo ayudaran, pero también se negaron. Ninguno de los animales del zoológico quiso ayudarlo y el león ya estaba muy hambriento, hasta que la jirafa se acercó y con su largo cuello le fue fácil bajar la carne de lo alto.  Se la dio y dijo: ­ 

Aquí tienes tu carne león, ¿ves que mi largo cuello del que tanto te burlas de algo sirve?

El león aprendió una valiosa lección, nunca se debe tratar mal ni hacer menos a nadie porque no se sabe cuando los puedas necesitar.

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