Por Sofía Margarita Cruz Castro
Hace algún tiempo existía un zoológico en algún
lugar del mundo, en donde vivía un león, quién era la atracción principal del
lugar por ser el rey de la selva, el animal más feroz, el que poseía la más
grande y hermosa melena y quien más impresionaba a la gente que ahí
asistía. Como era de esperarse, era muy
engreído y soberbio, éste se sentía superior a los demás animales. El personal
del zoológico lo consentía y trataba como rey, tenía su comida cada que le
apetecía y a los demás animales los miraba como inferiores. Cada mañana se
paseaba por el recinto de cada animal, presumiendo su presencia y haciéndolos
menos, a cada uno de ellos les recordaba sus defectos y carencias y se burlaba
de ellos. A los changos les decía feos, a los elefantes gordos, a los tigres
dientones y flojos, a los camellos torpes y así con quien se le diera la gana.
Un día se acercó al reciento de la jirafa,
mofándose de su enorme cuello. Para molestarlo le dijo:
─ ¡Jirafa! ¿Por qué nunca te acuestas para dormir
por las noches? Ah, es cierto… ¡no puedes por tu enorme cuello! Ja ja,
solamente puedes comer plantas de árboles altos, te pierdes de lo deliciosa que
es la carne, pobre de ti. ─
La jirafa se quedó callada, ya sabía cómo era el
león y trató de no darle importancia.
Todos los animales del zoológico estaban
cansados de la actitud del león, así que se les ocurrió una idea para enseñarle
una lección. Ya casi era la hora de almorzar y ya iban a servirle su ración de
carne, así que los changos la tomaron antes de que éste se diera cuenta y trepando
la pusieron en lo más alto de su jaula, donde no pudiera alcanzarla.
El león ya estaba muy hambriento, se preguntaba
por qué no había llegado su comida aún, hasta que se dio cuenta de que su carne
estaba arriba. Pronto intento bajarla, brincaba y brincaba y trataba de trepar
pero no pudo alcanzarla. Se acercó al recinto de los changos para pedirles que
treparan pero estos se negaron, diciendo:
─ No
ayudaremos a alguien que se la pasa molestándonos y burlándose de nosotros ─
Desilusionado, se acercó al recinto de los
elefantes para pedirles que con su trompa lo ayudaran, pero también se negaron.
Ninguno de los animales del zoológico quiso ayudarlo y el león ya estaba muy
hambriento, hasta que la jirafa se acercó y con su largo cuello le fue fácil bajar
la carne de lo alto. Se la dio y dijo:
─ Aquí tienes tu carne león, ¿ves que mi largo
cuello del que tanto te burlas de algo sirve? ─
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