Por Edgar Adrián Sánchez García
Hace algunos años mi hermana y yo nos pusimos a
pensar acerca de nuestros orígenes, así que nos dirigimos hacia Japón con la esperanza de encontrar
respuestas. Al abordar el avión unos jóvenes de aspecto árabe se nos quedaron
viendo de una manera muy extraña, durante el viaje me levante al baño y uno de
ellos me interceptó, ahí fue cuando me di cuenta que era Mohamed Al-Salí un
viejo amigo del colegio en México. A partir de ahí mi hermana y yo nos fuimos
platicando con ellos hasta llegar a Tokio.
Cuando llegamos a Tokio nos dirigimos hacia un
barrio muy concurrido y en un abrir y cerrar de ojos perdimos de vista a
nuestros amigos. En cuanto nos dimos cuenta que estábamos solas, decidimos
regresar al aeropuerto por nuestras maletas, pero para nuestra sorpresa ya las
estaban examinando personal de la defensa nacional japonesa. Les explicamos que
éramos extrajeras y nos devolvieron en seguida el equipaje.
Después Yuka me dijo que estaba hambrienta y,
sinceramente, yo igual lo estaba, así que fuimos lo más rápido posible a un
restaurante de comida japonesa. La comida estaba deliciosa, pero al paso del
tiempo nos dimos cuenta que ya era demasiado tarde, pagamos y salimos corriendo
en busca de un taxi que nos llevara a un restaurante. Para nuestra buena
fortuna nos topamos a Jackie Chan en su Corvette y fue él quien nos llevó a
tomar nuestro siguiente vuelo y así pudimos encontrar la verdadera historia de
nuestro pasado.
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