jueves, 14 de noviembre de 2013

La Puerca y la Vaca

Por Axel Alejandro Castellanos Ibarra



Érase una vez, en un ranchito muy lejano de la ciudad, en donde siempre cada mañana, de cada día, cuando el primer rayito de sol tocaba la tierra húmeda y café, resonaban en la plana pradera repleta de árboles naranjos, el cantar de las aves; era un ranchito muy bonito, pues ahí el granjero cuidaba muy bien a sus animales y los alimentaba muy sanamente, dándoles lo mejor de lo mejor y siempre preocupándose por ellos.
En esa linda granjita, habían muchos animales, habían cabritos, puerquitos, vacas, caballos, toros, perros, gatos, gansos, gallinas y muchos pollitos, pero dentro de todos ellos, había uno en especial que el granjero alimentaba y cuidaba como a ninguno otro, a la puerca llamada Milagros. La puerquita Milagros era quizá la más consentida de todos los animales, pues acababa de dar a luz a tres lindos cerditos y eso para el granjero eran muy buenas noticias.
Pero un día de invierno, el día más frío de la temporada, la puerquita Milagros olvidó darle de comer a sus tres pequeñitos y prefirió quedarse acostada en la caliente paja del granero, dejándolos fuera del calor del granero; cuando de repente, entre sueños, llegó la vaca Miramonte a despertarla y decirle que se levantara y fuera a buscar a sus pobres pequeños, porque se estaban congelando en el frío invierno, pero a Milagros, esto no le importó y siguió durmiendo. Así que la vaca Miramonte se armó de valor para salir al frío a buscar a los tres cerditos perdidos. El sol comenzaba a esconderse y Miramonte no regresaba, mientas que Milagros seguía dormida.
Entró la noche oscura y fría, y Miramonte seguía buscando a los indefensos cerditos entre la blanca y fría nieve. Esto fue hasta que finalmente los encontró acurrucados en el tronco de un árbol de naranjas, pero estaba tan débil que no podía ni levantarlos, así que comenzó a mugir tan fuerte que despertó al granjero y este salió a rescatarlos. El granjero muy orgulloso de la vaca la alimentó y la lleno de calientes prendas como forma de gratitud por haber salvado a los tres cerditos, y en cuanto a la puerca Milagros, el granjero le quitó todas las comodidades que tenía y dejó de consentirla. Ya no le daba de comer como  antes y ya no dormía en la paja, si no en el corral con los demás puercos y así fue como aprendió la lección de no dejar la responsabilidad por la comodidad y la flojera, pues tarde o temprano las puedes perder.

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