Por Laura Crystel Carreño Olivera
Hace algunos años en el
municipio Santa Lucía del Camino en el estado de Oaxaca, vivía una señora muy
misteriosa, nadie conoce su nombre puesto que
no hablaba con nadie no era posible arrancarle más que un “buenos días”,
vivía en una casa en ruinas, hacía bastante tiempo que nadie la habitada así
que era demasiado extraño que alguien viviera ahí.
La señora era de aspecto
“extraño”, no pasaba del metro con cuarenta centímetros, tenía poco cabello
lacio negro y corto (al hombro), era de complexión robusta, de tez morena clara
y ojos pequeños; nunca se le vio con algún hijo o esposo, su compañía eran
muchos gatos.
Para mi mala suerte esta
mujer vivía a lado de mi casa y mi cuarto era perfecto para escuchar todo lo
que sucedía en su casa por las noches, había ocasiones en que no pegaba un ojo
por todo el ruido y temor causado por sus actividades nocturnas. A veces se
escuchaban golpes de martillos, escobas, risas, trastes, maullidos, pero lo más
extraño eran llantos desesperados de niños.
Cierto día me armé de valor
junto con mi amiga Karen y decidimos echar un vistazo a la casa de aquella
mujer, aprovechando las labores de remodelación de mi casa que ofrecía una
vista completa de la casa, pudimos ver ¡juguetes regados en el patio!, por
desgracia no pudimos seguir observando porque la señora se dio cuenta que
observábamos su casa, nos hizo gestos y podríamos jurar que su cara lucía
diferente, tenía una gran nariz, una verruga muy grande y lo más extraño de
todo ¡su rostro era verde!.
Desde aquel día no pudimos
vivir tranquilas, teníamos miedo de salir de casa y toparnos con ella. No
imaginábamos que lo peor estaba por venir.
Habían pasado algunos días y
no había tenido noticias de Karen, así que decidí ir a su casa y platicar con
ella, cuando la vi, la expresión de su rostro era increíble, se veía más pálida
de lo normal y tenía muchas ojeras; aseguré que estaba enferma y le pregunté
–¿tienes gripa?- a lo que ella respondió –Ojalá fuera eso, pasó algo muy grave-
tuve tanto miedo y la sospecha de que la “bruja” tenía algo que ver en lo que
le ocurría a mi amiga. Karen me invitó a pasar a su casa y cuando nos
encontrábamos sentadas comenzó a contarme lo siguiente…
Iba
caminando rumbo a la tienda, mi mamá me había mandado a comprar unos refrescos
y me encontré con la “bruja”, traté de caminar más rápido pero no pude, me
alcanzó y me dijo –No es bueno que estés espiando a las personas, ven a mi casa
si es que tanta curiosidad tienes por saber cómo es- la verdad no entiendo por
qué fui, pero lo hice, al entrar a la casa supe que algo malo me iba a pasar,
la “bruja” le puso candado a la casa y me dijo –No irás a ningún lado, ya verás
lo que te ganas por andar vigilándome- lloré y grité, pronto me di cuenta que
no estábamos solas, había más niños, todos lloraban; la “bruja” nos encerró a
todos en el único cuarto de su casa, pude ver que los gatos bailaban en un
círculo de forma muy extraña, la “bruja” en el centro cantaba una canción muy
rara de la cual no entendí ni media palabra. Una de las niñas que estaba en el
cuarto me dijo –No falta mucho para que nos toque bailar a nosotras también- a
lo que respondí –Pero nosotras no somos gatos- la niña me respondió –Pronto lo
seremos, cuando caiga la noche ella nos “convertirá”- no recuerdo si le
contesté, pero lo que sí es seguro es que tuve mucho miedo, estuve unos
instantes sin más que decir hasta que descubrí a unos gatos en un rincón
llorando, así que le pregunté a la niña –¿Por qué ellos no bailan? ¿Están
enfermos?- la chica me respondió –Se los va a comer, ya son demasiado viejos
para bailar y ahora serán alimento- no le creí así que volví a preguntar –Y tú
¿Cómo sabes tanto? Seguro me estás mintiendo- un poco ofendida la niña me dijo
–He estado aquí por algún tiempo, cuando viene a traer a los niños para la
“conversión” me pongo hasta atrás porque solo se lleva a diez y casi todos los
días trae a uno nuevo, he visto todo, de la misma forma que ahora tú ves la
“danza de la muerte”- ahora le creía lo que me decía ¿Por qué me mentiría?, mi
miedo aumentaba; por un golpe de suerte un ”gatoniño” que danzaba, se salió del círculo y se fue a
la calle, la “bruja” lo siguió y dejó la puerta abierta, es así como pude salir
y aún sigo con vida.
No supe que decir y solo
abracé a Karen, ella se levantó del sillón y me dijo –Mejor vamos a jugar- accedí,
al fin que todo ya había pasado.
Al día siguiente, la “bruja”
había desaparecido, nadie sabe a dónde se fue, lo único que quedó fueron sus
“gatoniños”, me alegro que se haya ido, pero temo por todos los niños, porque
si algo es seguro es que cualquiera puede llegar a ser un “gatoniño”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario