Por Edgar Adrián Sánchez García
César era un chico de
preparatoria común y corriente, tenía amigos con los que salía a divertirse
durante los fin de semana, sus padres eran buenas personas aunque su papá en especial
era algo enérgico con él. César vivía en un pequeño poblado a las fueras de la
ciudad de Oaxaca.
Se acercaba el mes de
Noviembre y como era costumbre en localidad cada año hacían una fiesta con motivo
de festejar Halloween y como era de esperarse en la escuela de César era el
tema principal aquella fiesta a la cual nadie podía faltar, Oscar, el mejor
amigo de César le preguntó si iba a ir a lo cual César contesto que por
supuesto que sí.
Al otro día al regresar de la
escuela, César habló con su papá para que le diera permiso de asistir a aquella
grandiosa fiesta, el papá de César le dijo que era muy peligroso salir por
aquellas fechas, ya que según él podías llegar a tener contacto con espíritus o
demonios que andan sueltos esos días, pero César le insistió tanto que su papá
terminó por acceder y le dijo que sí pero que tuviera mucho cuidado al
regresar.
El día de la fiesta había
llegado y César estaba más que listo para divertirse, al llegar a la fiesta,
César vio a sus amigos y enseguida fue con ello y después uno de ellos les
llevó tragos por lo que el resto de la fiesta se la pasaron muy bien. Cuando la
fiesta terminó César se despidió de sus amigos y se fue solo a su casa, lo
único que alumbraba el camino de César ese día era la luz de la luna, ya que el
alumbrado público no funcionaba aún.
Al llegar César a su casa,
todo estaba oscuro y lo único que se veía a lo lejos eran las luces de la velas
del altar, por lo que César decidió dirigirse hacia allá, al entrar a la sala
donde estaba el altar giró su cabeza para persignarse y en eso en el fondo vio
a la Muerte, tal y como se la habían descrito antes, sus manos eran huesos y su
cara un cráneo y además llevaba consigo su oz, en cuanto César reaccionó salió
corriendo y gritando por lo que despertó a sus papas y enseguida bajaron a ver
que sucedía, buscaron por toda la casa para ver si trataba de una broma de mal
gusto o de un ladrón, pero no encontraron nada.
Después de un tiempo varios vecinos aseguraron haber visto
a la Muerte ahí mismo, pero a ciencia cierta nadie sabe qué sucedió en
realidad, desde entonces César no es mismo.
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