Por Diana Marlene Amor Figueroa
Hace
algunos años cerca de Río Atoyac vivían en una humilde casa una mamá y su único
hijo, eran muy felices y vivían con armonía, el niño siempre era bueno y
obedecía a la mamá, hasta que un día de finales del mes de Julio pidió permiso
para salir a jugar con su pelota nueva, la mamá le dio permiso, pero le dijo:
-No
te alejes mucho de la casa y, por favor, mantente alejado del río porque te
puedes caer y hacer mucho daño.
El niño dijo que sí y salió muy emocionado, jugó
y jugó mucho rato, y cada vez se alejaba más de la casa y se acercaba más al río.
En
un descuido la pelota cayó al río y el niño, temiendo por su preciosa pelota y
pensando que la podía rescatar, trató de bajar para alcanzarla.
Más
tarde las autoridades llegaron a la casa de la mamá para informarle que su hijo
había muerto en el río, tratando de alcanzar algo. La mamá estaba inconsolable
y después de eso nunca se supo qué fue de ella.
Algunas personas dicen que
si eres muy atento puedes observar, a
finales de julio de cada año, a un niño que juega alegremente con una pelota
cerca del río y a su mamá vigilándolo, después de un rato el niño desaparece,
la mamá le grita regañándolo y se pierde en el llanto, lo último que se ve es
cómo la mamá se lanza al río buscando a su único hijo, muerto.
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