Por Diana Marlene Amor Figueroa
Existía hace
tiempo una pequeña aldea, en ella vivían muchos animalitos que convivían en
paz. En la aldea tenían una gran escuela para que los pequeños fueran a
aprender y a divertirse. Los pequeños ratoncitos batallaban mucho para no
comerse su tarea, las ardillitas siempre
compitiendo por la bellota más grande, los conejitos despreocupados, todos los
pequeñines asistían gustosos.
Un día llegaron
a la escuela un pequeño búho y un pequeño topo, se conocieron y se llevaban muy
bien, parecían los mejores amigos. La única diferencia era que el búho pequeño
se esforzaba mucho en sus clases, ponía atención y siempre hacía las tareas que
mandaba la maestra codorniz, pero el topo no se preocupaba por nada de esto,
pese a que su amigo le aconsejaba siempre que trabajara.
Así pasó todo el
curso escolar, el pequeño topo no quiso en ningún momento participar o poner
atención en sus clases, por lo tanto, al finalizar del ciclo la maestra tuvo
que decirle que era el único que había reprobado.
En ese momento
el pequeño topo se dio cuenta de que su amigo el búho, había tenido razón todo
el tiempo, y tuvo que quedarse sin vacaciones para recuperar el tiempo perdido.
El pequeño búho
termino sus clases con excelentes notas y todos lo felicitaron, así que pudo
disfrutar de los días soleados de vacaciones para pasear y jugar con los demás.
Moraleja:
Lo que siembras, cosechas
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